En uno de mis viajes a la ciudad de Cáceres, encontramos fortuitamente la casa árabe de Yusuf Al Burch entre sus calles. Nos llamó la atención y decidimos visitarla (además en pleno verano se está fresquito). Una vez dentro, la guía y propietaria de la casa nos explicó toda la gran historia que hay detrás del edificio.
La Cáceres musulmana y el origen de la casa
En primer lugar, pongámonos en contexto. Viajemos al año 1147 cuando el califa almohade Abd al-Mu’min ordenó fortificar la ciudad de Cáceres, pues se encontraban en un momento de expansión militar y reorganización territorial en al-Ándalus. Cáceres, conocida entonces como Qazris, se convirtió en un enclave estratégico fundamental dentro de la frontera occidental entre los territorios musulmanes y los reinos cristianos de León y Portugal. La ciudad protegía el acceso a importantes núcleos como Mérida y Badajoz, y su fortificación era necesaria para defender estas rutas frente a las constantes incursiones cristianas.
En este contexto, se construyó la casa de Yusuf Al Burch que significa «José de la Torre del Mercado» en homenaje a su restaurador en el siglo XX. Es decir, actualmente no hay constancia de quién la habitó aunque las principales hipótesis apuntan a que perteneció a un comerciante de sedas ya que se han encontrado restos de tintes naturales en el aljibe.
Recorrido por las estancias
La Casa tiene una superficie construida aproximada de 287 metros cuadrados, a los que se suman unos 45 metros cuadrados de jardín. Consta de unas estancias principales como el aljibe, la cocina, la sala del té, el hammam así como otras habitaciones. Veamos el recorrido:
1. El zaguán: la frontera entre lo público y lo privado
El acceso original, hoy cerrado, daba a un callejón sin salida para garantizar intimidad. El actual portalón de madera de cedro muestra llaves nazaríes talladas, símbolo de hospitalidad. A la izquierda, la cocina conserva el tannur (horno de barro) y un sistema de ventilación mediante tragaluces en forma de estrella.
2. El patio de las begonias: microcosmos andalusí
Este espacio ajardinado, inexistente en la planta original, fue creado por De la Torre para ejemplificar el concepto de riyad (paraíso terrenal). Las macetas de barro cocido contienen especies mencionadas en los poemas de Ibn Zamrak: jazmín, arrayán y hierbabuena.
3. La sala del té
El brasero sirio del siglo XIX, donado por el embajador de Jordania, alcanza temperaturas de 300°C sin quemar la madera de sándalo. Aquí se servía el té verde con hojas de menta siguiendo el ritual descrito por Al-Maqqari: «Primera taza amarga como la vida, segunda dulce como el amor, tercera suave como la muerte».
4. El harén: mito vs realidad
Contrario a la creencia popular, esta estancia de bóveda de cañón no era un espacio lúdico, sino una zona de trabajo textil. Los análisis químicos en el suelo revelaron restos de índigo, utilizado para teñir tejidos.
5. El hammam: ingeniería termal
El sistema de calefacción por hipocausto (aire caliente bajo el suelo) mantenía una humedad del 80% gracias a 127 tejas curvas dispuestas en espiral. Los bañistas seguían un ritual de tres etapas:
Bayt al-barid (sala fría): masajes con aceite de argán.
Bayt al-wastani (sala templada): exfoliación con guante de crin.
Bayt al-sajun (sala caliente): inhalaciones de eucalipto.
La restauración: una obsesión convertida en arte
José de la Torre Gentil (1917-1996) fue abogado y arabista autodidacta. Según nos contó la guía de la casa que es su hija, José compró la casa en 1965 para vivir en ella. y estaba bastante ruinosa. Empezó las obras para poder vivir en ella, pero durante las obras de restauración descubrió restos arqueológicos de origen árabe del siglo XII y vestigios romanos como las termas y el sistema de calefacción con hipocausto. POr lo que cambió sus planes y se dedicó en cuerpo y alma durante 15 años a estudiar el arte hispano-musulmán, a viajar por países como Irak y Marruecos, para poder reconstruir fielmente la casa como museo preservando su valor histórico.
Así pues, para restaurar la casa y poder devolverle su esplendor, contrató a maestros alarifes marroquíes especializados en yeserías, quienes reprodujeron fielmente los motivos geométricos y epigráficos característicos del arte andalusí. Su trabajo se apoyó en un exhaustivo estudio de tratados históricos como los de Ibn Luyun (siglo XIV), que detallaban técnicas constructivas y distribución de espacios en la arquitectura doméstica musulmana. Además, viajó por Marruecos, Argelia y Siria para adquirir piezas auténticas, entre ellas un ataifor del siglo XIII —plato ceremonial utilizado en banquetes— que hoy se exhibe en la cocina del museo, testimoniando el esmero por integrar elementos originales en cada detalle.
El resultado es un híbrido único: 70% estructura original y 30% reinterpretación histórica rigurosa, reconocida por la UNESCO como ejemplo de conservación patrimonial.
Los misterios que esconden las paredes
La casa guarda enigmas que desafían a historiadores:
El grafiti del siglo XIII: en el muro este aparece grabada la frase «Wa-la ghalib illa Allah» («No hay vencedor sino Alá»), lema de los nazaríes, inexplicable en una construcción almohade.
La tumba del alarife: bajo el patio yacen restos de un hombre con herramientas de albañilería, posiblemente el arquitecto original.
Fenómenos paranormales: el equipo de Cuarto Milenio registró en 2019 una caída brusca de 12°C en la despensa, acompañada de voces en árabe clásico.
Información práctica para la visita
Tienes toda la información en su página web
La visita tiene una duración aproximada de unos 30 minutos.
Aquí te dejo su ubicación:
Si quieres tener una visión global sobre el arte musulmán puedes encontrarla en mi libro El pequeño libro de la historia del arte donde encontrarás la información de manera resumida.

