El beso de klimt

Una de las obras más famosas del arte moderno

Descubre el significado de El beso de Gustav Klimt, la posible identidad de la mujer del cuadro, su lectura simbólica y dónde ver la obra original en el Belvedere de Viena.

 

El beso de Gustav Klimt es una de las obras más reconocibles del arte moderno y una de las imágenes más reproducidas de toda la historia del arte. Esta obra fue creada entre 1907 y 1908 y es considerada como una obra que recoge el universo de Klimt: oro, sensualidad, ornamentación y una fuerte carga simbólica.

A primera vista parece una escena de amor íntimo y sereno, pero cuanto más se observa, más matices aparecen. La pareja está envuelta en un manto dorado que casi la saca del mundo real, como si el beso no perteneciera a un momento concreto, sino a algo mucho más universal. Esa mezcla de belleza, misterio y ambigüedad es lo que ha convertido la obra en un verdadero icono.

Viena, la Secesión y la época dorada de Klimt

Para entender El beso hay que situarlo en la Viena de fin de siglo XIX. Una ciudad elegante, culta y refinada, pero también cambiante y en plena crisis de valores. Fue una de las grandes capitales culturales de Europa, con una vida intelectual y artística muy intensa. 

En ese contexto nació la Secesión vienesa, fundada por Klimt y otros artistas en 1897 como una ruptura con el academicismo. Su lema, “A cada tiempo su arte. A cada arte su libertad”, muestra muy muy bien el espíritu de la época, es decir, que el arte fuera más libre y menos normativo. 

La llamada época dorada de Klimt pertenece precisamente a esos años. En ella, el artista empieza a utilizar el pan de oro de manera habitual y a construir obras en las que la decoración deja de ser un simple adorno para convertirse en parte del significado. El beso es un claro ejemplo, ya que no hay separación entre fondo, cuerpo y ornamento. Todo forma un mismo universo visual.

Los símbolos que oculta el cuadro

En esta obra, el autor construye una escena en la que cada detalle tiene una función, aunque no siempre sea evidente a primera vista.

El fondo dorado, por ejemplo, no actúa solo como un recurso decorativo o como una muestra de virtuosismo técnico; también crea una sensación de suspensión, como si los amantes no pertenecieran a un lugar concreto ni a un momento histórico determinado. Ese oro envolvente elimina la referencia al mundo real y convierte la escena en algo casi eterno, casi ritual, como si el beso ocurriera fuera del tiempo.

Detalle vestidos el beso de klimt

La diferencia entre los vestidos también resulta fundamental para entender la obra. La parte masculina está formada por rectángulos, líneas y formas más duras, casi geométricas, que transmiten firmeza, orden y estructura. En cambio, la parte femenina se cubre de círculos, flores y trazos más suaves, que aportan una sensación de movimiento, receptividad y vida orgánica. Esa oposición visual no separa a los personajes, sino que los complementa: Klimt parece sugerir que en el abrazo conviven dos energías distintas, una más firme y otra más fluida, que solo alcanzan sentido pleno cuando se unen.

También llama mucho la atención la figura de la mujer que, arrodillada, con los ojos cerrados y el cuerpo apenas tenso, no aparece como una figura completamente pasiva. Su postura transmite entrega, sí, pero también concentración, intensidad y una extraña fuerza interior. No parece simplemente “besada”, sino implicada en una experiencia que la transforma. Por eso su imagen va más allá de una escena romántica convencional, es decir, hay en ella fragilidad, pero también presencia; abandono, pero también una cierta afirmación de sí misma. Esa ambigüedad es parte de la grandeza del cuadro, porque hace que el espectador no vea solo un gesto de amor, sino un instante cargado de misterio y tensión. 

Detalle vestidos el beso de klimt

La mujer detrás de la obra

Uno de los aspectos más comentados de El beso es la identidad de la mujer que aparece en el cuadro.

La interpretación más extendida la vincula con Emilie Flöge, diseñadora de moda, empresaria y compañera sentimental y creativa de Klimt. Emilie fue una mujer muy moderna para su tiempo, con una fuerte personalidad y un papel importante en la vida cultural de Viena.

En caso de que no fuera Emilie Flöge, podría ser Adele Bloch-Bauer o incluso “Red Hilda”, otra de las modelos habituales de Klimt.

En cualquier caso, lo que sí está claro es que el pintor tomó rasgos de mujeres de su entorno para construir esta figura femenina. Eso hace que el cuadro tenga también una dimensión íntima. Por lo tanto, no es solo una idea abstracta del amor, sino una imagen alimentada por una relación concreta, por una persona real que formó parte del universo del artista.

Apolo y Dafne: la lectura oculta

Además de la interpretación amorosa, existe una lectura muy sugerente que relaciona la obra con el mito de Apolo y Dafne. Según esta idea, El beso mostraría el momento en que el dios Apolo besa a la ninfa Dafne justo cuando ella se transforma en laurel. Esta hipótesis explicaría varios elementos simbólicos que vemos en la imagen.

Por ejemplo, el cuerpo de la mujer  parece alargarse de forma poco natural, como si estuviera dejando de ser cuerpo humano para convertirse en otra cosa. Quizás un árbol. Sus brazos, sus pies y la rigidez general de la postura pueden entenderse como signos de metamorfosis. Incluso el manto dorado que los envuelve podría leerse como una especie de envoltura simbólica que une deseo y transformación.

Desde esta perspectiva, el beso no es solo un gesto amoroso. Es el instante en el que el amor toca el límite entre lo humano y lo vegetal, entre la carne y el símbolo. Y eso encaja muy bien con la sensibilidad de Klimt, siempre interesado en lo ambiguo, lo decorativo y lo profundamente sugerente.

Escultura de Apolo y Dafne de Bernini, relacionada con el posible simbolismo mitológico de El beso de Gustav Klimt.
Apolo y Dafne, del escultor barroco Bernini

¿Qué significa realmente El beso?

El significado de El beso de Gustav Klimt es complejo ya que puede intepretarse como una celebración del amor, sí, pero también como una reflexión sobre la fusión entre dos seres, la entrega total y la pérdida de la individualidad.

Amar, en este lienzo, es una forma de disolverse en el otro.

Ahí está gran parte de su fuerza. Klimt no representa una historia concreta ni ofrece una moraleja. Lo que hace es crear una imagen que admite varias lecturas al mismo tiempo. Puede ser una escena romántica, una metáfora del deseo, una alusión mitológica o una expresión de la modernidad vienesa. 

Tal vez por eso sigue siendo tan actual. Porque no parece cerrada ni explicada del todo. Porque deja espacio a una interpretación libre. Y porque, al final, habla de algo que todos conocemos como es el deseo de acercarse a otro ser hasta el punto de casi desaparecer en él.

¿Dónde ver El beso de Klimt?

La obra original está en el Belvedere Superior de Viena. Es una visita imprescindible para cualquiera que quiera conocer de cerca el arte de Klimt. El museo está instalado en un palacio barroco rodeado de jardines, así que la experiencia no se limita sólo al cuadro sino que también hay arquitectura, historia y una de las mejores vistas culturales de la ciudad.

Ver El beso en persona merece mucho la pena ya que en las imágenes en pantalla o en libros es difícil apreciar el brillo del pan de oro, las texturas de la pintura y el tamaño real de la obra hacen que la experiencia sea muy distinta. Si viajas a Viena, reservar tiempo para visitar el Belvedere es casi obligatorio.

Para saber más...

Para profundizar más sobre historia y arte , puedes explorar mis libros El pequeño libro de la historia del arte y El pequeño libro de la historia universal.

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