Como ya comenté hace un tiempo en este artículo, uno de los museos que más disfruto y que visito casi cada año es el Museo del Prado, no me canso de volver una y otra vez a admirar aquellas pinturas maravillosas.
Considero que esta pinacoteca es para recorrerla durante horas -e incluso, días. Aunque supongo que a la mayoría de la gente le pasa lo mismo que a mí: no hay tiempo y hay que priorizar.
Por eso os traigo siete obras imprescindibles para ver en el Prado (según mi criterio, claro):
1. La familia de Felipe IV o Las meninas de Velázquez
Título original: La familia de Felipe IV (conocido popularmente como Las meninas)
Autor: Diego Velázquez
Año de realización: 1656
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 320,5 cm x 281,5 cm
Estilo: Barroco
Ubicación: Sala 012, conocida como la gran sala Velázquez.
Sin duda el retrato de la familia de Felipe IV, más conocido como Las Meninas, es uno de los lienzos más conocidos en el arte universal. Es por ello, que cuando vayas a visitarlo, posiblemente tengas que hacerte un hueco entre las decenas de visitantes que han ido a admirarlo.
El gran Diego de Velázquez, pintor del rey Felipe IV, pinta el cuadro en 1656, durante una época de decadencia política y social en España. Velázquez retrata una escena cotidiana de la familia real en el Alcázar de Madrid y consigue integrar al espectador en la obra, efecto muy complicado en la época.
El artista, que como ya he indicado antes era pintor del rey, realizó la obra en una sala amplia del piso bajo del antiguo Alcázar de Madrid, cerca del «Cuarto del Príncipe». El lugar retratado en el cuadro era el taller del propio Velázquez, frecuentado por el rey, quien solía observar al artista trabajar de manera informal y sin protocolo.
La pintura fue concebida para ser expuesta en el despacho de verano del rey, un espacio privado donde solo Felipe IV podía disfrutarla. Su composición y el uso de la luz parecen estar diseñados para integrarse con la arquitectura y la iluminación natural de la sala original.
En cuanto a los personajes, si los analizamos de más importantes a menos, podemos identificar en el centro a la Infanta Margarita, primera hija de Felipe IV y de Mariana de Austria. Está flanqueada por dos “meninas”, doncellas de confianza. Acompañados por personajes de la corte.
A la izquierda aparece el propio Velázquez autoretratado. Y en un segundo plano, el guardadamas y la camarera mayor. Al final de la sala, abriendo la puerta, el aposentador real. Cabe destacar el espejo del fondo donde aparecen reflejados los reyes.
2. El Jardín de las Delicias, de El Bosco
Título original: El jardín de las delicias
Autor: Hieronymus Bosch (El Bosco)
Año de realización: 1490-1500
Técnica: Óleo y grisalla sobre tabla de roble
Dimensiones: 205,5 cm x 384,9 cm
Estilo: Primitivo flamenco
Ubicación: Sala 056A
El jardín de las delicias es un panel que consta de tres partes y necesita ser leído por el anverso y el reverso. En la cara externa se muestra una gran esfera que representa el mundo el tercer día de la creación (sin vida). En cambio, al abrir las tablas se pueden diferenciar tres partes:
- Panel izquierdo: El Paraíso, con la presentación de Eva a Adán por Dios Padre.
- Panel central: El jardín de las delicias, una visión saturada de figuras humanas desnudas, animales fantásticos y frutas gigantes, símbolo de la lujuria y los placeres terrenales.
- Panel derecho: El Infierno, donde se castigan los pecados capitales, especialmente la lujuria, en un ambiente oscuro y atormentado conocido como «el infierno musical» por la presencia de instrumentos torturadores.
El Bosco quiso transmitir un mensaje moralizante sobre la fragilidad de la felicidad, la tentación el castigo como destino inevitable de la humanidad. Para ello utiliza una iconografía rica y compleja que se enmarca en una gran composición. Por lo tanto, al leerlo de izquierda a derecha podemos observar la creación de la humanidad, en el medio a la humanidad perdida en los placeres de la vida y en la derecha el resultado de lo uqe han conseguido debido a los pecados de la escena anterior.
3. La Maja Desnuda, de Goya
Título original: La maja desnuda
Autor: Francisco de Goya y Lucientes
Año de realización: 1795-1800
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 97,3 x 190,6 cm
Estilo: Neoclasicismo tardío
Ubicación: Sala 038
La maja desnuda es una de las obras más controvertidas de Goya. El cuadro representa a una mujer recostada sobre un lecho, siguiendo la tipología tradicional de la diosa Venus, pero con una actitud moderna y provocadora ya que la modelo, desnuda, mira directamente al espectador y sonríe. Así pues, la mujer pintada no muestra el recato habitual de las representaciones clásicas con atributos mitológicos, sino que representa una mujer de manera realista.
El cuadro fue encargado por Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, y estuvo expuesto en su gabinete privado junto a otras Venus. Tras la caída de Godoy (1808), la obra fue incautada por orden de Fernando VII y pasó por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y por la Inquisición, que la consideró «oscena» antes de su ingreso definitivo en el Museo del Prado en 1901.
La identidad de la modelo sigue siendo un misterio. Se ha especulado con figuras como la duquesa de Alba o Pepita Tudó, amante de Manuel Godoy, aunque no existen pruebas concluyentes. Es probable que Goya utilizara una modelo anónima o incluso que la figura fuera una invención artística.
La maja desnuda destaca por ser el primer desnudo femenino de la pintura española que muestra de forma evidente el vello púbico, lo que supuso una ruptura radical con la tradición artística de su tiempo y la convirtió en símbolo de modernidad y libertad. Su pareja, La maja vestida, fue pintada posteriormente para completar el juego visual entre ambas versiones.
4. Los fusilamientos del 3 de mayo, de Goya
Título original: El 3 de mayo en Madrid o Los fusilamientos
Autor: Francisco de Goya y Lucientes
Año de realización: 1814
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 268 x 347 cm
Estilo: Romanticismo, pintura histórica
Ubicación: Sala 064
Los fusilamientos del 3 de mayo es una de las obras más sobrecogedoras que pinta Goya en su tiempo. El lienzo representa la represión brutal llevada a cabo por el ejército francés contra los madrileños que participaron en el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808, al inicio de la Guerra de la Independencia española. La escena transcurre en la madrugada del 3 de mayo, en la montaña del Príncipe Pío, a las afueras de Madrid, y muestra a un grupo de prisioneros españoles a punto de ser ejecutados por un pelotón de soldados franceses anónimos, de espaldas al espectador.
La composición se articula en torno a la figura central de un hombre con los brazos abiertos, iluminado dramáticamente por la luz de un farol, símbolo de sacrificio y resistencia. Los rostros de los condenados expresan terror, resignación o desesperación, mientras que los soldados aparecen despersonalizados, convertidos en una máquina de matar. Goya muestra el horror y la inhumanidad de la guerra con un realismo y una fuerza expresiva inéditos hasta entonces.
El cuadro fue encargado por la regencia tras la expulsión de los franceses y la restauración de Fernando VII, junto a su pareja, El 2 de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos. Ambas obras se consideran pioneras del arte moderno por su denuncia antibélica y su innovadora composición. Los fusilamientos ha inspirado a numerosos artistas posteriores y es un icono universal de la lucha por la libertad y la denuncia de la violencia.
5. Las Tres Gracias, de Rubens
Título original: Las tres gracias
Autor: Peter Paul Rubens
Año de realización: 1630-1635
Técnica: Óleo sobre tabla
Dimensiones: 221 x 181 cm
Estilo: Barroco flamenco
Ubicación: Sala 029
Las tres gracias es una de las obras más célebres y admiradas de Rubens, y una de las interpretaciones más sensuales del mito clásico. El pintor representa las tres diosas de la mitología grecorromana —Eufrósine, Talía y Áglae—, hijas de Zeus y personificaciones de la belleza, la alegría y la fertilidad. Las figuras, desnudas y enlazadas en un círculo armónico a través tanto del velo como de sus miradas, se sitúan en un paisaje idílico y luminoso, transmitiendo una sensación de movimiento, ternura y vitalidad.
Rubens pintó esta obra en su madurez y se cree que una de las figuras podría ser un retrato de su segunda esposa, Hélène Fourment, lo que añade un matiz personal y afectivo a la composición. La pincelada suelta, el uso magistral de la luz y el color, y la voluptuosidad de los cuerpos femeninos son rasgos característicos del estilo del pintor y del barroco flamenco.
El rey Felipe IV adquirió el lienzo en 1666 y desde entonces forma parte de la colección permanente del Museo del Prado.
6. La Rendición de Breda, de Velázquez
Título original: La rendición de Breda o Las lanzas
Autor: Diego Velázquez
Año de realización: 1634-1635
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 307 x 367 cm
Estilo: Barroco español
Ubicación: Sala 015
La rendición de Breda es una de las obras más importantes de Velázquez así como un referente absoluto del arte barroco. El pintor retrata el momento histórico en el que, tras un largo asedio, la ciudad holandesa de Breda se rinde ante el ejército español el 5 de junio de 1625, durante la Guerra de Flandes. En el centro de la composición, el general holandés Justino de Nassau entrega las llaves de la ciudad al general español Ambrosio Spínola, quien, en un gesto de humanidad y respeto, lo toma del hombro para evitar su humillación.
En la escena se pueden distinguir claramente dos grupos. En la izquierda están los soldados holandeses, desordenados y abatidos y en la derecha aparecen los españoles, alineados y erguidos, con las lanzas en alto, lo que da nombre popular al cuadro. Al fondo, la ciudad de Breda y el humo de la batalla recuerdan la dureza del conflicto, pero Velázquez elige centrarse en un mensaje de reconciliación y respeto mutuo, alejándose de la glorificación bélica tradicional. La composición, la luz y el realismo en los rostros y gestos hacen de esta pintura un testimonio visual de la historia y de la grandeza del arte español.
La obra fue encargada para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro ya que era un espacio destinado a exaltar las victorias militares de la monarquía española.
7. Chicos en la playa, de Sorolla
Título original: Chicos en la playa
Autor: Joaquín Sorolla y Bastida
Año de realización: 1909 (firmado en 1910)
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 118 x 185 cm
Estilo: Luminismo, impresionismo español
Ubicación: sala 60A
Chicos en la playa es una de las obras más conocidas de Joaquín de Sorolla. En el lienzo aparecen tres niños desnudos jugando en la orilla de una playa valenciana. La novedad es que el pintor es capaz de representar los cuerpos mojados y los reflejos de la luz solar. La composición destaca por su espontaneidad y por la pincelada suelta que caracteriza el estilo del pintor, transmitiendo la alegría y la libertad de la infancia.
Sorolla pintó esta obra durante el verano de 1909, en una de sus estancias más fructíferas en Valencia. El cuadro culmina una serie dedicada a motivos de niños en el agua, en la que el artista explora los efectos fugaces de la luz solar sobre la piel mojada, el movimiento de las aguas y los reflejos en la superficie líquida. La obra fue donada por el propio pintor al Museo de Arte Moderno en 1919, y tras la integración de este museo en el Prado, pasó a formar parte de la colección permanente.
Para saber más sobre las obras del Prado, puedes consultar las siguientes fuentes:
- https://www.museodelprado.es/
- Museo Nacional del Prado. (2014). La guía del Prado. Museo Nacional del Prado.
Si te apetece tener una visión general sobre el arte universal, puedes consultar El pequeño libro de la historia del arte.

