¿Es tan positivo el pensamiento positivo?

Hace algunos días, en una conversación entre compañeros a la hora del patio hablábamos del pensamiento positivo. Todo surgió a raíz de la frase de una compañera: “Bastante p*tadas nos hace ya la vida”. A lo que otra le respondió que debíamos ver las cosas desde una perspectiva más positiva y que debíamos valorar las cosas buenas de que nos brinda la vida. «Yo no creo en eso» respondió la primera. 

Todo esto me hizo pensar en las fortalezas del pensamiento positivo. Existen muchos estudios que demuestran los efectos positivos del optimismo en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo. Lo que detecto es que habitualmente, se confunde entre pensamiento positivo y crees a toda costa que tenemos que estar siempre felices. 

Por ello primero, analicemos aspectos positivos y negativos del pensamiento positivo constante. 

Pros y contras del pensamiento positivo

Pros:

  • Mejora del bienestar emocional: el pensamiento positivo mejora el estado de ánimo promoviendo emociones positivas como la felicidad, la gratitud y la esperanza.
  • Reduce el estrés: al enfocarse en aspectos positivos de la vida, se puede reducir el estrés y la ansiedad asociados con pensamientos negativos o preocupaciones excesivas que en ocasiones no sirven de mucho.
  • Fomenta la resiliencia: El pensamiento positivo puede ayudar a las personas a enfrentar los desafíos de la vida de manera más efectiva, fomentando la resiliencia y la capacidad de recuperación frente a la adversidad.
  • Mejora de las relaciones: Las personas que mantienen una actitud positiva suelen ser más atractivas socialmente y pueden cultivar relaciones más saludables y satisfactorias.

 

Contras:

  • Autoengaño: el pensamiento positivo excesivo puede llevar a negar o minimizar los problemas reales. Hecho que nos puede dificultar una toma de decisiones honesta y realista.  
  • Falta de preparación: centrarse únicamente en el lado positivo de las situaciones puede llevar a no estar preparados para problemas que puedan surgir debido a un exceso de optimismo.
  • Culpa y autoexigencia: algunas personas pueden sentirse culpables o insuficientes si no logran mantener constantemente una actitud positiva, lo que puede generar un ciclo de autoexigencia nocivo. 
  • Supresión emocional: El pensamiento positivo a veces puede ser utilizado como evitación  de emociones difíciles, lo que puede llevar a una falta de procesamiento emocional adecuado y a problemas a largo plazo.

¿Cómo encontrar el equilibrio?

Como hemos visto, el pensamiento positivo a toda costa, puede provocar ciertos problemas porque nos aleja de la realidad en la que vivimos. Pero si nos instalamos en la idea «Me pongo en lo peor y así lo que venga irá bien» vamos a provocar una tendencia negativista totalmente irreal e innecesaria. Aí pues, como decía Aristóteles: virtus in medio; es decir, encontrar un equilibrio. 

Te propongo aquí una serie de estrategias para ayudarte a lograrlo:

  • Practica la aceptación: Acepta tus emociones, tanto positivas como negativas. Las emociones tienen su función, simplemente siéntelas. No pasa nada, si sientes tristeza unos días. Es por algo. Quizás necesitas procesar algo.
  • Cultiva la gratitud: Practica el agradecimiento por las cosas buenas de la vida, pero sé consciente también de las dificultades. Reconoce que tanto las experiencias positivas como las negativas son parte de la vida. Si quieres saber más sobre la gratitud, puedes encontrar propuestas interesantes en el libro «Bienestar para docentes«. 
  • Sé realista: Mantén una perspectiva realista de las situaciones. Reconoce los desafíos y dificultades, pero también busca las oportunidades de crecimiento y aprendizaje que puedan surgir de los problemas a los que nos enfrentamos.
  • Fomenta la resiliencia: Desarrolla tu capacidad de recuperación frente a la adversidad. Aprende a adaptarte a los cambios y a superar los obstáculos de manera constructiva.

Por lo tanto, lo interesante es encontrar el equilibrio entre la visión positiva de la vida y la realidad. El pensamiento positivo puede brindarnos motivación para enfrentar desafíos con optimismo, pero también es esencial no perder de vista las dificultades y los obstáculos que encontramos en el camino. El hecho de aceptar todas nuestras emociones y experiencias, tanto las alegres como las difíciles, nos acerca a la realidad sin caer en el autoengaño. 

 
 
 
 
 
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