El Madrid del Siglo de Oro
La casa museo de Lope de Vega abierta al público actualmente es el lugar en el que vivió en escritor durante sus últimos 25 años de vida.
Nos situamos en una época conocida como la del Madrid de los Austrias, pues fue esta dinastía gobernante, la de los Habsburgo o Austrias, la que estableció la pequeña villa de Madrid como capital de la monarquía hispánica.
Así, es Felipe II el que decide trasladar a toda su corte desde Valladolid a Madrid en 1561. Este hecho provocó un rápido crecimiento en la ciudad que pasó de tener 4.000 habitantes en 1530 a 180.000. Cabe destacar que al hacerse de manera rápida, muchas de la viviendas se edificaron con materiales de escasa calidad. A nivel urbanístico, se deforestaron los bosques de alrededor y se construyeron casas sin una planificación urbanística establecida.
Lope, que vivió a caballo entre el siglo XVI y XVII, es decir, en el Siglo de Oro, compra la casa en 1610; aunque se había construido en 1578. El dramaturgo la adquiere por 9.000 reales de la época y se establece con su segunda mujer para vivir allí los últimos 25 años de su vida.
Lope encontró en este lugar un refugio, él mismo la describió como «mi casilla, su quietud, su huertecillo y estudio». Tras su muerte, la casa pasó por diversas manos y usos, incluido un taller de costura y viviendas corrales, hasta que en el siglo XIX se inició su identificación como lugar histórico. En 1862, la Real Academia Española celebró allí el tercer centenario del nacimiento de Lope, y desde entonces se promovió la idea de convertirla en museo. Finalmente, en 1931, la academia se hizo cargo del inmueble y se restauró para devolverle su aspecto original y convertirla en un homenaje vivo a la vida y arte del dramaturgo.
Recorrido por las estancias de la Casa Museo Lope de Vega
El jardín de Lope
Nada más atravesar la puerta de entrada de la casa, ya en el zaguán, se observa una puerta al final de la estancia con mucha luz exterior, lo que nos lleva al maravilloso jardín de Lope.
Para él fue su lugar de distracción y disfrute en el que tenía incluso un huerto donde cultivaba algunos alimentos. Hoy en día se ha recreado el espacio según lo que explica el escritor en sus textos. Por lo que se puede observar un naranjo, un granado y un ciprés, que le recordaba todas las pérdidas que sufrió durante su vida. Tenía jazmines, madreselvas en los muros y flores y hortalizas. Además, había gallinas y una jaula con pájaros.
Era también el espacio donde jugaron sus hijos. Lugar que él mismo consideraba una prolongación de su espíritu.





El estudio de Lope
El lugar donde creaba sus obras Lope está formado por dos espacios.
En primera instancia y al lado de las ventanas se disponía un gran escritorio acompañado de estanterías que albergaban la gran biblioteca compuesta por mil quinientos volúmenes.
Explica Lope en sus escritos que trabajaba desde el amanecer y es que realmente fue un autor muy prolífico. Es por ello que escribió obras (tanto teatro, como prosa o poesía), tan conocidas como Fuenteovejuna, El perro del hortelano, La dama boba o La Dorotea.
En frente de la parte de trabajo, encontramos un brasero rodeado de sillas. Se trata del espacio en el que recibía a sus visitas.
El estrado o habitación de las mujeres
Desde el despacho de Lope, se observa una puerta que da lugar a este espacio recibe su nombre porque se ubica una tarima forrada de tela y cubierta con almohadones de tercipelo. En este lugar las mujeres de la familia recibían visitas o se reunían para coser y bordar sentadas alrededor del brasero en los fríos inviernos madrileños.
Pero el elemento principal de la habitación es el espejo. Está formado con una base de plata y un marco de ébano. Sin duda es un objeto muy valioso que sólo se podía tener en las casas más adineradas por lo que era un símbolo de riqueza.
La alcoba de Lope
El dormitorio es un espacio muy pequeño y con poca luz situado en la parte más íntima y escondida de la casa. Era el lugar de recogimiento del escritor en el que durmió y finalmente falleció.
En esta estancia hay muy pocos elementos entre los que destacan la cama con dosel que ayudaba a guardar el calor en invierno, aunque también tenía relación con las creencias de la época sobre la llegada de la muerte mientras se dormía. Otro aspecto importante es la dimensión de ésta, pues era habitual que los lechos fueran pequeños ya que se dormía semi incorporados. La razón era que existía la creencia que si se dormía estirado se llamaba a la muerte, pues esta es la posición de un cuerpo inerte.
Otro elemento importante es el ventanillo alto a través del que Lope podía ver el oratorio y contemplar la figura de San Isidro desde su propio lecho.
La cocina
Tras las modificaciones que ha sufrida la casa a lo largo de su historia, no se conoce con exactitud la ubicación de la cocina. Actualmente se ha recreado en la primera planta, aunque la tradición indica que se encontraría en la planta baja dado el fácil acceso al agua del pozo y a las hortalizas del huerto.
El comedor
Justo al lado de la cocina, el comedor es una estancia amplia y luminosa gracias a las dos ventanas que dan al jardín.
Presidido por una gran mesa rodeada de sillas, cuenta con alacenas de madera llenas de cerámica de Talavera de la Reina del siglo XVII, típica de la época, junto a bodegones flamencos prestados por el Museo del Prado y dos candiles tradicionales que recrean el ambiente doméstico de la época.
En la vida diaria de Lope, este era el lugar donde se servía la comida principal familiar. En alguno de sus escritos recoge cómo su hijo Carlos Félix debía convencer al poeta de dejar su trabajo para comer.
El oratorio
Para finalizar la primera planta, no podemos dejar atrás el oratorio. Se trata de una pequeña capilla que existía antes de que Lope se ordenara sacerdote en 1614. Aunque se renovó entonces para que pudiera celebrar misa diaria allí, convirtiéndose en un espacio esencial de su hogar.
Como hemos visto antes, deesde su cama en la alcoba contigua, el escritor podía seguir la misa a través de un ventanuco a los pies, recostado sobre almohadones cuando su salud empeoraba, con un amigo sacerdote oficiando.
De entre los diferentes objectos que visten este espacio, cabe destacar un un retablo de talla barroca del siglo XVII y la escultura de San Isidro Labrador, patrón de Madrid, además de relicarios, ropa litúrgica y objetos devocionales.
Alcoba de las hijas
Por último, visitamos la alcoba de las hijas de Lope, Feliciana y Antonia Clara que fueron las dos hijas que más tiempo vivieron con el escritor.
En ella se encuentran dos camas con dosel, un cofre para ropa y otros elementos propios de la época. Cabe destacar la sillita de costura que tiene debajo del asiento un cajón para guardar las labores.
Alcoba de los hijos
Ya en la segunda planta, podemos llegar al dormitorio de los hijos. Se trata de la habitación más amplia e iluminada de la zona abuhardillada (segunda planta) en la que durmieron los hijos varones: Carlos Félix, el «amado Carlitos» que falleció joven en la casa; y Lope Félix. Cuando estos estuvieron ausentes, fue utilizada por su hija Marcela antes de ingresar en las Trinitarias.
En esta estancia se observa el mobiliario propio de la vida infantil del siglo XVII como la cama grande y una cuna con cinturón de dijes (amuleto protector contra el mal de ojo y espíritus, común por la alta mortalidad infantil).
Cabe destacar el pequeño escritorio que indica el privilegio educativo de los niños en el hogar de Lope.
Alcoba de las sirvientas
Justo al lado de la habitación de los niños se encuentra el dormitorio de las criadas, aunque es posible que pudiera haberse encontrado en la planta baja para mayor comodidad en las labores diarias.
Lope nombra en sus escritos a tres sirvientas clave de sus últimos años: Lorenza Sánchez, cocinera apreciada por sus guisos pero criticada por los postres («que es lo que acá no sabemos»); Catalina, apodada «la malhumorada»; y Lucía Rodríguez.
El mobiliario refleja la humildad del servicio doméstico respecto a las otras dependencias. Las camas no tiene dosel, son sencillas. Se encuentra también el candil para la escasa iluminación nocturna, un grabado religioso o decorativo en la pared, dos taburetes para sentarse y una estera de esparto extendida en el suelo como suelo improvisado o alfombra barata.
Cuarto de los huéspedes
Por último, en la segunda planta encontramos una estancia denominada «El cuarto de los huéspedes», conocida también como del capitán Contreras.
En el siglo XVII existía lo que se conocía como la Regalía de Aposento que consistía en la obligación de hospedar a miembros del séquito real o militares. En este contexto, Lope tuvo que alojar a Fray Alonso de Contreras que fue un aventurero y autor de Las aventuras del capitán Alonso de Contreras. Éste vivió en la casa del escritor durante ocho meses durante los cuales fue muy bien tratado como deja por escrito él mismo: «Sin haberle hablado en mi vida, me llevó a su casa (…) Y me tuvo por su camarada más de ocho meses, dándome de comer y cenar, y aun vestido me dio. ¡Dios se lo pague!».
En la habitación podemos observar una cama grande con dosel y cortina, un sillón frailero (diseñado para frailes o invitados de postín), una silla adicional, tres taburetes para visitas eventuales, un velón (candelero alto para vela) y un candil (lámpara portátil de aceite) para la iluminación nocturna, además de un lavamanos con jarrito para el aseo personal diario.
Información para la visita a la Casa Museo de Lope de Vega
Las visitas son siempre guiadas por expertos que explican con todo detalle los diferentes espacios y tienen una duración aproximanda de 35 minutos.
Los grupos son reducidos pues la casa es relativamente pequeña (máximo diez personas).
Información práctica:
Ubicación: Calle Cervantes, 11, Madrid.
Horarios: Martes a domingo, visitas cada 30 minutos de 10:00 a 17:00 horas
Entrada: Gratuita, con reserva previa obligatoria
Accesibilidad e idiomas: Visitas guiadas en español, inglés, italiano y francés
- Puedes encontrar toda la información en https://www.casamuseolopedevega.org/es/
Fuentes
- https://www.casamuseolopedevega.org/es/
- VIDAL-FOLCH BALANZÓ, Ignacio. Guía de la Casa Museo Lope de Vega. Madrid, Comunidad de Madrid, 2015.

